El valle de Siete Lagunas es uno de esos lugares que todo amante de la montaña sueña con conocer al menos una vez. Situado en el corazón del Parque Nacional de Sierra Nevada, este conjunto de lagunas de origen glaciar constituye uno de los paisajes de alta montaña más espectaculares de la península ibérica y un excelente punto de partida para ascender a algunas de las grandes cumbres del macizo, como el Mulhacén o la Alcazaba.
En esta ocasión, nuestro objetivo no era hacer cumbre, sino disfrutar con calma del recorrido hasta Siete Lagunas. Elegimos una ruta lineal con inicio en Trevélez y final en el Alto del Chorrillo, desde donde utilizamos el Servicio de Interpretación de Altas Cumbres (SIAC) para descender hasta Capileira. Desde allí, un autobús de línea de ALSA nos permitió regresar cómodamente a Trevélez, donde habíamos dejado el vehículo.
Esta alternativa reduce considerablemente el desnivel de descenso, evita tener que regresar por el mismo camino y hace mucho más asequible una ruta que, incluso así, continúa siendo exigente y reservada para senderistas con una buena preparación física.
Realizamos la ruta el 2 de julio de 2026, comenzando a las once de la noche para aprovechar las horas más frescas y evitar, en la medida de lo posible, el intenso calor y la alta insolación propias del verano en Sierra Nevada. Ascender bajo un cielo completamente estrellado, escuchar únicamente el sonido del agua que desciende de las cumbres y contemplar el amanecer al llegar al valle glaciar fueron experiencias que añadieron un atractivo especial a una excursión ya de por sí inolvidable.
No era nuestra primera visita a la Alpujarra granadina. En otras ocasiones habíamos recorrido algunos de sus senderos y conocido varios de sus pueblos, pero todavía teníamos pendiente esta ruta, considerada por muchos montañeros como una de las más bellas de Sierra Nevada. Tras completarla, podemos afirmar que la fama está plenamente justificada.
A continuación encontrarás toda la información necesaria para preparar la excursión: descripción detallada del recorrido, ficha técnica, consejos prácticos, información sobre el transporte utilizado para realizar la ruta en sentido lineal y nuestro track GPS.
Ruta Siete Lagunas: Resumen

La ruta comienza en Trevélez, el pueblo situado a mayor altitud de la península ibérica y conocido internacionalmente por la elaboración tradicional de sus jamones. Desde las calles más altas del Barrio Medio, un cómodo camino de tierra permite ganar altura de forma progresiva antes de enlazar con el sendero que asciende hacia el refugio de La Campiñuela.
A partir de este punto el paisaje cambia por completo. El bosque queda atrás y la vegetación va desapareciendo conforme nos adentramos en el dominio de la alta montaña. La senda continúa siempre bien definida, atraviesa varios arroyos alimentados por el deshielo y alcanza el espectacular valle glaciar de Siete Lagunas, donde se suceden pequeñas cubetas de origen glaciar rodeadas por algunos de los tresmiles más emblemáticos de Sierra Nevada.
Aunque desde aquí es posible ascender al Mulhacén o a la Alcazaba, nosotros preferimos dedicar tiempo a recorrer el valle, disfrutar de sus lagunas y contemplar el paisaje sin la presión de alcanzar ninguna cima. Fue una decisión de la que no nos arrepentimos, ya que nos permitió descubrir con tranquilidad uno de los rincones más singulares de todo el macizo.
El regreso se realiza ascendiendo hasta el Alto del Chorrillo, donde finaliza la ruta a pie. Desde este punto utilizamos el autobús del SIAC para descender hasta Capileira y, posteriormente, un autobús de línea de ALSA para regresar a Trevélez.
Se trata de una ruta físicamente exigente debido a su longitud y, sobre todo, al importante desnivel positivo acumulado. No obstante, realizarla de esta forma permite reducir en más de mil metros el desnivel de bajada y evitar el largo regreso por el mismo itinerario, una opción especialmente recomendable durante los meses más calurosos del año.
Si buscas una ruta de alta montaña que combine paisajes espectaculares, lagunas glaciares, silencio y una sensación constante de inmensidad, pocas excursiones en Sierra Nevada pueden igualar la experiencia de alcanzar Siete Lagunas desde Trevélez.
Ficha Técnica
- Tipo de ruta: Lineal.
- Inicio: Trevélez (1.527 m).
- Final: Alto del Chorrillo (2.700 m).
- Distancia: 17,3 km.
- Desnivel positivo: 1.800 m.
- Desnivel negativo: 650 m.
- Altitud máxima: 3.085 m aproximadamente.
- Tiempo empleado: Unas 11 horas, incluyendo paradas.
- Dificultad: Muy alta, por el desnivel acumulado y la altitud.
- Señalización: Sí, aunque recomendamos apoyo de track. Sendero PR-A 27.
- Época recomendada: Finales de primavera, verano y comienzos de otoño, siempre consultando la meteorología y el estado de la nieve.
¿Por qué realizamos la ruta de forma lineal?
Aunque la ruta clásica consiste en regresar a Trevélez por el mismo itinerario o de forma circular, en nuestro caso optamos por finalizar el recorrido en el Alto del Chorrillo y utilizar el Servicio de Interpretación de Altas Cumbres (SIAC) para descender hasta Capileira.
Esta alternativa reduce en más de mil metros el desnivel negativo, evita recorrer dos veces el mismo sendero y hace que la excursión resulte mucho más asequible. Hay que tener en cuenta que, incluso utilizando esta opción, seguimos hablando de una ruta muy exigente, con un importante desnivel positivo y numerosas horas de caminata.
En nuestro caso, además, realizamos la excursión el 2 de julio de 2026, una época del año en la que las temperaturas pueden ser elevadas durante las horas centrales del día. Evitar varias horas adicionales de descenso bajo el sol fue uno de los principales motivos para elegir este planteamiento.
Eso sí, es importante planificar bien la jornada y consultar previamente los horarios tanto del SIAC como del autobús de línea entre Capileira y Trevélez para evitar contratiempos.
Sierra Nevada: un tesoro natural que merece todo nuestro respeto

Recorrer Siete Lagunas supone adentrarse en uno de los espacios naturales más valiosos de España. Nos encontramos en el Parque Nacional de Sierra Nevada, protegido por la extraordinaria riqueza de sus ecosistemas de alta montaña y por albergar una de las floras más singulares de Europa.
En este entorno sobreviven numerosas especies endémicas, algunas exclusivas de Sierra Nevada, adaptadas a unas condiciones muy exigentes marcadas por la altitud, la nieve y el deshielo. Entre ellas destacan plantas tan emblemáticas como la estrella de las nieves, además de los delicados borreguiles, pequeñas praderas de alta montaña que se desarrollan alrededor de arroyos y lagunas y que desempeñan un papel fundamental en este ecosistema.
Durante la ruta es importante permanecer siempre sobre los senderos, evitar pisar estas zonas húmedas y no alterar un paisaje que ha tardado miles de años en formarse.
Del mismo modo, queremos hacer un llamamiento al respeto por la montaña. Durante nuestra ascensión encontramos restos de basura y papel higiénico en las inmediaciones del refugio de La Campiñuela, una imagen que contrasta con la extraordinaria belleza del lugar. Cada visitante debería regresar con todos los residuos que genere, contribuyendo así a conservar este espacio en las mejores condiciones posibles para quienes lo visiten en el futuro.
La mejor forma de disfrutar Sierra Nevada es hacerlo dejando la menor huella posible.
Descripción Detallada de la Ruta
1. Trevélez, inicio del sendero

Nuestra aventura comenzó a las 23.00 horas en Trevélez. Después de cenar y de revisar por última vez el material, dejamos el vehículo en un aparcamiento situado a la salida del pueblo, en el Barrio Medio, punto desde donde iniciaríamos la ascensión.
Las calles permanecían prácticamente desiertas y el ambiente era completamente distinto al que suele encontrarse durante el día. Bajo la luz de los frontales atravesamos parte del casco urbano, pasando junto al Ayuntamiento y ascendiendo por las estrechas calles que conducen hacia la parte alta del municipio. Poco después abandonamos las últimas viviendas. Un panel informativo confirma que nos encontramos en el camino correcto y señala el itinerario hacia Siete Lagunas.
Los primeros kilómetros transcurren por una pista forestal que asciende con pendiente moderada entre pequeñas explotaciones agrícolas e invernaderos situados en las inmediaciones de Trevélez. Es un tramo cómodo para caminar y muy apropiado para encontrar un ritmo constante desde el inicio.
La pista cruza varios barrancos que descienden desde las cumbres de Sierra Nevada. Gracias a la oscuridad únicamente intuíamos el sonido del agua, aunque en algunos puntos la vegetación se hacía más densa y el ambiente mucho más fresco, especialmente al atravesar dichos barrancos. Tras recorrer algo más de dos kilómetros, la pista llega a su fin y comienza el sendero de montaña.
2. Primeras rampas hacia La Campiñuela

La senda asciende ahora con mayor decisión hasta un pequeño punto donde encontramos señalización del sendero PR-A 27. A partir de aquí el itinerario gira hacia el oeste y afronta uno de los primeros tramos realmente exigentes de la jornada.
Durante aproximadamente un kilómetro la pendiente aumenta de forma considerable, obligando a mantener un ritmo constante para no gastar más energía de la necesaria. Superado este esfuerzo inicial, el sendero vuelve a suavizarse y continúa ganando altura de forma progresiva.
Alrededor de la cota de los 2.000 metros cruzamos una acequia y nos encontramos con varios caballos pastando en libertad, una escena tan inesperada como agradable en plena noche.
También atravesamos varias cancelas destinadas al control del ganado. Conviene recordar que, después de pasar por ellas, deben dejarse siempre cerradas tal y como las encontremos. La ruta continúa alternando pequeñas manchas de pinar con zonas cada vez más abiertas. Poco a poco la vegetación arbórea comienza a escasear.
Finalmente alcanzamos el refugio de La Campiñuela, situado a unos 2.400 metros de altitud. Nuestra intención inicial era detenernos unos minutos para descansar y comer algo. Sin embargo, al llegar comprobamos que varias personas estaban pasando allí la noche haciendo vivac en la pequeña explanada situada junto al refugio. Para no molestar, decidimos continuar caminando y reservar el descanso para más adelante.
Fue precisamente en este punto donde encontramos el único aspecto realmente negativo de toda la jornada: la presencia de numerosos residuos abandonados en los alrededores del refugio. Resulta difícil comprender cómo alguien puede disfrutar de un entorno tan privilegiado y, al mismo tiempo, dejar tras de sí basura o restos de papel higiénico.
La montaña nos ofrece lugares extraordinarios. Lo mínimo que podemos hacer a cambio es conservarlos exactamente igual que los encontramos.
3. De La Campiñuela al valle de Siete Lagunas
A partir del refugio de La Campiñuela la ruta cambia por completo de carácter. El bosque queda definitivamente atrás y el paisaje adquiere el aspecto propio de la alta montaña de Sierra Nevada. La vegetación arbórea desaparece por completo y deja paso a un terreno abierto donde predominan los pastizales de altura, las rocas y los numerosos arroyos alimentados por el deshielo.
La senda continúa perfectamente definida y permite avanzar con comodidad mientras gana altura de forma progresiva. En este tramo apenas existen dificultades técnicas y el desnivel, aunque constante, resulta bastante llevadero.
Poco a poco comienzan a aparecer los primeros borreguiles, pequeñas praderas de alta montaña que concentran una gran biodiversidad y constituyen uno de los ecosistemas más valiosos de Sierra Nevada. Conviene extremar el cuidado para no abandonar el sendero y evitar pisar estas zonas especialmente sensibles.
El sonido del agua acompaña prácticamente durante todo este tramo. Numerosos arroyos cruzan el camino y recuerdan que incluso en pleno verano el deshielo continúa alimentando las cabeceras de los ríos que nacen en estas montañas.
4. El cruce del río Culo de Perro

Uno de los momentos más curiosos de la jornada llegó al alcanzar el río Culo de Perro. A pesar de encontrarnos a comienzos de julio, el caudal era considerable como consecuencia del deshielo que todavía seguía activo en las cotas más altas. Al realizar la ruta de noche resultaba complicado encontrar un punto donde cruzar con seguridad sin mojar el calzado.
Tras valorar las distintas opciones, la solución más sencilla fue descalzarse y atravesar el río caminando directamente sobre el agua. La temperatura del agua era, como cabía esperar, muy fría. Pero el cruce apenas llevó unos segundos y, tras volver a calzarnos, nos permitió continuar la marcha sin riesgos innecesarios. Son ese tipo de pequeños imprevistos los que forman parte de cualquier excursión de alta montaña y que, con calma y sentido común, suelen resolverse sin mayores complicaciones.
Una vez superado el río, la senda continúa perfectamente señalizada mediante hitos de piedra y se dirige hacia uno de los sectores más espectaculares de todo el recorrido.
5. Las Chorreras Negras

El ascenso hacia las Chorreras Negras constituye el tramo más exigente de toda la ruta. En este punto el sendero pierde definición y atraviesa una amplia ladera cubierta de bloques y piedra suelta desprendidos desde las paredes superiores. La pendiente aumenta de forma notable y obliga a caminar con mayor atención para escoger bien cada apoyo.
No se trata de un paso especialmente complicado desde el punto de vista técnico, pero sí conviene avanzar con prudencia, especialmente si el terreno se encuentra húmedo o si, como ocurrió en nuestro caso, todavía se está caminando de noche.
La progresión se realiza siguiendo los hitos de piedra que marcan el itinerario y la «intuición montañera» (además de un track de apoyo). Aunque en algunos momentos parece que el sendero desaparece, la orientación resulta sencilla si se presta atención a estos aspectos.
En nuestro caso, superamos este tramo todavía de noche y no tuvimos mayor dificultad prestando atención y manteniendo la calma. No había presencia de nieve en este punto.
Superado este último esfuerzo, el paisaje se abre de manera repentina y aparece ante nosotros uno de los lugares más enigmáticos de Sierra Nevada.
6. Amanecer en Laguna Hondera

La primera de las lagunas que recibe al senderista es la Laguna Hondera, situada a unos 2.900 metros de altitud.
Llegamos poco antes de las siete de la mañana. El día comenzaba a abrirse paso lentamente mientras las primeras luces iluminaban las laderas que rodean el valle. Después de varias horas caminando, aquel era el lugar perfecto para hacer una pausa, comer algo, abrigarse ligeramente y disfrutar del momento.
La temperatura era sensiblemente más baja que durante la subida. Un viento suave recorría el valle y recordaba que, incluso en pleno verano, las condiciones en estas altitudes pueden cambiar rápidamente.
Más allá del evidente atractivo paisajístico, lo que nos conmovió fue la absoluta calma del lugar. En esos primeros instantes del día el silencio únicamente se veía interrumpido por el sonido del agua descendiendo entre las rocas y por el viento que acariciaba los borreguiles.
Recorriendo el valle de Siete Lagunas

Con el amanecer completamente instalado comenzó uno de los tramos más agradables de toda la excursión.
El sendero permite recorrer el conjunto de lagunas siguiendo un trazado señalizado mediante hitos. Aunque el terreno es sencillo, conviene caminar siempre por las zonas marcadas para evitar dañar los frágiles borreguiles que se desarrollan alrededor de las láminas de agua.
Cada laguna posee su propia personalidad y ofrece perspectivas diferentes de las grandes montañas que rodean este circo glaciar.
El recorrido culmina en la Laguna Altera, situada en la parte más elevada del valle, a unos 3090 m. de altitud. A comienzos de julio todavía conservaba importantes neveros en sus orillas, una imagen que acentuaba todavía más el intenso color azul de sus aguas.

Fue, sin duda, uno de los rincones más bellos de toda la jornada y un lugar que invitaba a detenerse sin prisas para contemplar el paisaje.
Aunque muchos montañeros aprovechan este punto para continuar hacia el Mulhacén o la Alcazaba, en esta ocasión decidimos dar por cumplido nuestro objetivo. Habíamos venido a conocer Siete Lagunas y preferimos disfrutar del valle con calma antes que añadir varios cientos de metros de desnivel y muchas horas más de recorrido.
En ocasiones, la mejor decisión en la montaña no consiste en llegar más lejos, sino en saber detenerse a tiempo para disfrutar plenamente del camino recorrido.
Del valle de Siete Lagunas al Alto del Chorrillo

Después de recorrer con tranquilidad el valle glaciar, llega el momento de emprender el regreso. Para abandonar Siete Lagunas es necesario superar una de las últimas subidas importantes de la jornada, un corto pero intenso ascenso desde la Laguna Hondera que permite salvar el escalón superior del circo glaciar.
La senda, perfectamente marcada mediante hitos, gana altura rápidamente hasta alcanzar una confluencia de caminos. Desde este punto parte el itinerario que asciende por la Cuerda del Resuello hacia el Mulhacén, la cumbre más alta de la península ibérica.
En nuestro caso decidimos continuar en dirección al Alto del Chorrillo. Después de varias horas de marcha y con el objetivo principal ya cumplido, preferimos dejar la ascensión al Mulhacén para una futura visita y disfrutar del descenso sin prisas.
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Este tramo ofrece una perspectiva completamente diferente de Sierra Nevada. Conforme se gana altura aparecen amplias panorámicas sobre el valle recorrido y todavía pueden observarse algunos neveros de dimensiones considerables, incluso bien entrado el verano.
La senda continúa ascendiendo de forma tendida hasta alcanzar el punto más elevado de este sector, situado en torno a los 3.075 metros de altitud. Muy cerca confluyen varios caminos que comunican con el Mulhacén.
A partir de aquí el recorrido cambia nuevamente de tendencia y comienza un cómodo descenso por las lomas de Sierra Nevada. Dejando atrás la Loma del Tanto y pasando junto al refugio-vivac «nido de ametralladora», el sendero pierde altura suavemente hasta alcanzar el Alto del Chorrillo, situado a unos 2.700 metros de altitud.
Con la llegada a este punto, dimos por finalizada la ruta a pie.
El regreso utilizando el SIAC y el autobús de línea
Uno de los aspectos más prácticos de esta excursión fue la combinación de transporte utilizada para regresar a Trevélez.
Desde el Alto del Chorrillo tomamos el autobús del Servicio de Interpretación de Altas Cumbres (SIAC) —vertiente sur—, un servicio gestionado por el Espacio Natural de Sierra Nevada que permite acceder o descender desde distintos puntos de la alta montaña durante la temporada estival.
En nuestro caso, esta opción nos permitió evitar más de mil metros de desnivel negativo y varias horas adicionales de caminata, haciendo la ruta mucho más cómoda y asequible (nuestras rodillas todavía nos lo agradecen).
El autobús nos dejó en Capileira, donde enlazamos con un autobús regular de ALSA con destino a Trevélez. Aunque el vehículo llegó con algunos minutos de retraso, poco después de las tres de la tarde ya estábamos de nuevo en el punto de inicio de la excursión.
Si tienes pensado realizar esta misma combinación, conviene consultar con antelación los horarios de ambos servicios, especialmente los del SIAC, ya que funcionan únicamente durante determinadas épocas del año y es posible que requieran reserva previa.
Nuestro alojamiento en Trevélez

Para realizar esta ruta elegimos el Cortijo Molino Altero, un alojamiento situado aproximadamente a un kilómetro y medio del casco urbano de Trevélez, en un entorno especialmente tranquilo junto al barranco del río Trevélez.
Su ubicación nos pareció uno de sus principales atractivos. Alejado del núcleo urbano, pero lo suficientemente cerca como para llegar en pocos minutos al inicio de la ruta, ofrece un ambiente muy relajado rodeado de naturaleza y con magníficas vistas a las laderas que enmarcan el valle.
La casa se alquila de forma íntegra y dispone de dos dormitorios, cocina completamente equipada, terraza y un agradable jacuzzi exterior que resulta especialmente apetecible tras una jornada de montaña como esta.
Después de más de once horas caminando, regresar al alojamiento y poder descansar en un entorno tan tranquilo fue, sin duda, el mejor final posible para esta aventura por Sierra Nevada.
Consejos para realizar esta ruta
Antes de emprender la ascensión conviene tener en cuenta algunas recomendaciones:
- Consulta siempre la previsión meteorológica. En alta montaña las condiciones pueden cambiar con rapidez, incluso durante el verano.
- Lleva suficiente agua y comida. Aunque existen numerosos arroyos, no siempre es recomendable consumir agua sin un tratamiento previo.
- Utiliza calzado de montaña con buena adherencia y protección.
- Si realizas la ruta de noche, lleva un frontal de calidad con baterías o pilas de repuesto.
- No olvides protección solar, gafas de sol y gorra. La radiación solar en la alta montaña es muy intensa.
- Respeta siempre los senderos y evita caminar sobre los borreguiles.
- Regresa con todos tus residuos. La conservación de Sierra Nevada depende también del comportamiento de quienes la visitamos.
Track GPS de la ruta
Como en otros artículos de TrekViajar, compartimos el track GPS utilizado durante esta excursión para facilitar la planificación del recorrido.
Recuerda que un track es únicamente una ayuda a la navegación y nunca sustituye la capacidad de orientación, la experiencia ni el sentido común en la montaña. Las condiciones del terreno pueden cambiar con el paso del tiempo debido a la nieve, desprendimientos o trabajos de mantenimiento de los senderos.
Antes de iniciar la ruta, revisa la meteorología, planifica adecuadamente el horario y adapta siempre el recorrido a tu experiencia y a la condición física del grupo.
Siete Lagunas, lugar mágico de Sierra Nevada
La ruta a Siete Lagunas desde Trevélez es un recorrido que permite descubrir, paso a paso, algunos de los paisajes más espectaculares de Sierra Nevada, desde los barrancos y pinares de las cotas medias hasta el impresionante circo glaciar que alberga este conjunto de lagunas.
Aunque muchos senderistas continúan desde aquí hacia el Mulhacén o la Alcazaba, dedicar una jornada únicamente a recorrer el valle es una opción plenamente recomendable. Caminar sin prisas, detenerse junto a las lagunas y contemplar el paisaje con calma permite disfrutar de un rincón único, donde el agua, la roca y la alta montaña forman un escenario difícil de olvidar.
Si decides visitar este lugar, recuerda que la mejor fotografía será siempre la que te lleves en la memoria y que el mejor recuerdo que puedes dejar es que el siguiente montañero encuentre Sierra Nevada exactamente igual que tú la encontraste.


